GRITOS DE REPUDIO
¿Quería voces que expresen su desacuerdo por sus arbitrarias acciones, su abusivo ejercicio del poder y su autoritaria forma de conducirse? Bueno, ahora se escuchan por todos lados…
Durante uno de sus Martes del Jaguar, la gobernadora Layda Sansores se vanaglorió que el operativo para detener, encarcelar y destituir al rector de la UACAM, José Alberto Abud Flores, “salió tan pulcro que no ha habido ni un susurro de alguien que diga ‘yo no estoy de acuerdo’, o que se diga los jóvenes se van a rebelar. No. ¿Qué jóvenes? Ni uno”.
A lo mejor la gobernadora no leyó las publicaciones que sobre el tema se publicaron en los medios locales, regionales, nacionales e internacionales. Layda no escuchaba los “susurros” de los estudiantes, como no escucha nada que la contradiga o la ubique en su realidad, pero los gritos de repudio se escucharon por todas partes, fragmentando aún más, su ya de por sí demeritada imagen pública.
Con su pretensión de mantener su control absoluto sobre el Poder Legislativo, ordenando la detención del líder parlamentario, lo que devino en la rebelión de la mayoría de los integrantes de la bancada morenista, los susurros que exigía Layda Sansores aumentaron sus decibeles.
De entrada, fue el propio ‘pastor’ legislativo, José Antonio Jiménez Gutiérrez el que alzó la voz para denunciar presiones, amenazas, persecuciones e intentos de arrestarlo a fin de obligarlo a dimitir, y se fundamentó, sobre esto último con la presencia de al menos una docena de policías ministeriales alrededor del Palacio Legislativo.
Ese “susurro de protesta” que anhelaba escuchar la gobernadora se tradujo en una ruidosa fractura, una escandalosa escisión, en un cisma político en el Congreso del Estado, el cual, pase lo que pase, ya no está bajo su control, porque basta con que los diputados que encabeza Jiménez Gutiérrez decidan aliarse con cualquiera de las otras bancadas, para tener la mayoría y mantener o asumir el mando del Poder Legislativo. Y eso cala. Duele. Humilla su soberbia.
¿Quería voces que expresen su desacuerdo por sus arbitrarias acciones, su abusivo ejercicio del poder y su autoritaria forma de conducirse?
Bueno pues, esas voces ahora se escuchan en todos lados y se han replicado incluso en el interior de Morena, o más adentro, en el corazón mismo de la llamada 4T.
Uno de sus voceros, titular de uno de los Poderes de la República, el diputado federal Ricardo Monreal le ha dicho de frente que sus peleas con todo y por todo, “afectan la imagen de Morena a nivel nacional y puede afectar los resultados de los próximos comicios”.
En otras palabras, Layda está dañando “al Movimiento”. Layda se ha convertido en un problema para su partido y para la 4T. Es un obstáculo, una piedra, un estorbo. Y éstos, por lo común se hacen a un lado para continuar el camino.
Que así sea.
