EXPEDIENTE | ¿DESPEDIDA SUTIL A LAYDA SANSORES?
Hay por lo menos dos señales en el ámbito político de la entidad, que podrían anticipar la inminente salida de la gobernadora Layda Sansores San Román. Y no, esta vez no se trata de una nota del Día de los Santos Inocentes, ni tampoco es un regalo atrasado de Santa Clós o de los Reyes Magos.
Uno de los síntomas de esta posible licencia a la mandataria campechana es el repentino ánimo de sus asesores de imagen para inventarle un balance favorable a su nefasta gestión. “Analistas” locales y de la capital del país se esmeran en presentar publicaciones de una Layda Elena que va a “trascender a la historia” por el ¿trabajo realizado?
Lo que no encaja en este “análisis” es que Sansores San Román aún no concluye su ejercicio gubernamental. Faltan por lo menos 20 meses para que entregue la estafeta a quien será su sucesor o sucesora, por lo que presentar en estos momentos un balance general de su catastrófica y rapaz administración, justificando el por qué no logró llegar a la meta estimada, nos lleva a elucubrar que está preparando su salida.
La otra señal que nos lleva a la conclusión de que ya se va Layda Elena, es la hiperactividad pública de su sobrino Gerardo Sánchez Sansores. En redes sociales principalmente, pero también en recorridos por diversas comunidades rurales, el llamado “Seso Loco” se presenta como la opción para dar continuidad al trabajo de su tía, reparte cuantiosos obsequios y alega que tiene merecimientos para desempeñar la gubernatura.
¿Será por eso que se dejó de promover a Liz Hernández? Se rumora que le dijeron que sería la interina de Layda Elena, siempre y cuando apoye a Seso Loco, que buscará ser candidato al Gobierno de Campeche. Suena como una monumental aberración, pero ¿le ve otra razón al millonario dispendio de dinero que realiza en esta campaña adelantada?
Sólo faltaría que la tía solicite licencia bajo el pretexto que sea. Una embajada, un cargo menor en el gabinete ampliado de la presidenta Sheinbaum o razones de salud —como han argumentado todos los funcionarios de su equipo a los que obligó a renunciar—, eso es lo de menos. Para ello ya se amarra que el Congreso del Estado autorice su salida.
Este escenario justificaría el por qué no esperar al “informe” del próximo 1 de agosto —o algún día de ese mes, en caso de que por fin entre en razón— para presentar un panorama real de sus supuestos logros, y enumerar las razones, argumentos, pretextos o justificaciones sobre el por qué no logró la “transformación” que tanto prometió en campaña.
Por ahora, sus panegiristas sostienen que el suyo es un Gobierno de parteaguas. Un columnista llamado Raúl García Araujo, que se conoce que nunca ha pisado Campeche, se atrevió a escribir que hay un “antes y un después” de Layda Sansores.
Sin tropezarse con la baba de su lambisconería, el periodista chilango escribió: “En Campeche se rompió una inercia histórica. Durante décadas el Estado caminó sin proyecto, sin inversión estratégica y sin una visión de futuro que conectara desarrollo económico con bienestar social”. ¿Y cual es el proyecto actual? Porque inversión y visión tampoco hay.
Y asegura que “La entidad dejó de ser un territorio periférico para convertirse en un estado con rumbo, con proyectos de largo plazo y con una gobernadora cuya imagen y liderazgo han sido fundamentales para reposicionar a Campeche como actor relevante en el escenario político y económico del país. Ese nuevo dinamismo no se entiende sin la capacidad de Layda Sansores San Román para construir alianzas estratégicas de alto nivel”.
Nos detenemos un minuto solo para advertir a los lectores que si van a remitirse a leer el artículo original con tan singulares mentiras, traten de ingerir una buena dosis de aspirinas para evitarse un derrame cerebral, pues se observa que el millonario monto de la factura cobrada, inspiró al señor García Araujo a no asquearse por tanto sabañón besado.
ÑÑOtro de los periodistas horizontales que, con argumentos coincidentes, presentó a la señora Sansores como la “gran transformadora”, es Tomás Zapata Bosch. Lambiscón y chaquetero por excelencia, llegó a asegurar que “antes de Layda”, en Campeche ni siquiera había producción agrícola. Chúpense este párrafo:
“Antes de la llegada de Layda Sansores, Campeche arrastraba un campo improductivo, sin caminos cosecheros de calidad ni infraestructura básica”. Si para engrandecer una gestión fallida se tiene que mentir, este escribano de la vileza debería por lo menos apegarse a un poco de la realidad. ¿Campo improductivo antes de Layda? ¡Su abuela!
En otro de sus justificatorios párrafos, el matraquero oficial Zapata Bosch señala que “Campeche se ha acostumbrado a vivir del pasado: de su historia, de su belleza, de su singularidad. Pero la historia no genera empleo, la belleza no construye desarrollo y la singularidad no sustituye a la productividad. El orgullo, cuando no se acompaña de autocrítica, se vuelve una forma elegante de inmovilidad”. ¿Y qué cambió?
En otro texto, defiende lo que califica como el “legado histórico” de Layda Elena, y hasta se atreve a sugerir que los resultados de su gestión no los veremos nosotros y quizá tampoco nuestros nietos, pero que ella sembró las bases de ese desarrollo aún inexistente.
Así lo escribió: “No se trata únicamente de evaluar obras visibles o resultados inmediatos, sino de analizar un proceso de transformación estructural que, como ha ocurrido otras veces en la historia, no se mide en aplausos del presente, sino en beneficios que solo se harán evidentes con el paso del tiempo”. ¿A qué obras visibles se refiere? ¿En qué consiste esa transformación estructural? ¿Se fumó el porro del Seso?
Y Zapata remata: “El verdadero legado político de Layda Sansores no se encuentra en el ruido cotidiano (…) sino en la construcción silenciosa de las condiciones estructurales para el despegue económico de Campeche. Por primera vez en la historia reciente, se están concatenando factores estratégicos que nunca antes habían coincidido al mismo tiempo y se está haciendo y generalmente no lo vemos a simple vista”. ¡Pasumecha!
Estás señales lo único que confirman es que hay desesperación en el Cuarto Piso y que la señora Sansores y sus asesores no encuentran cómo justificar el fracaso. Seguramente que esta andanada exculpatoria continuará hasta que el Congreso reciba su solicitud de licencia.
Lo que no habrá sin embargo, es perdón ni olvido. Todos aquellos que junto con ella saquearon las finanzas estatales y que pisotearon nuestros derechos ciudadanos, tendrán que pagar las consecuencias tarde o temprano. Así sea ante una licencia inesperada, o cuando concluya su periodo constitucional. A cada santito le llega su capillita.

