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Monja elegía a niños con discapacidad para que fueran violados por curas

Una monja nacida en Japón, acusada de ser cómplice y de elegir a los niños que serían abusados, espera en prisión domiciliaria el comienzo de un segundo juicio, que se realizará el próximo año.

El caso ocurrió en Buenos Aires, Argentina, cuando las autoridades condenaron a los curas Horacio Corbacho de 59 años de edad y Nicola Corradi de 83 años, a 45 y 42 años en prisión.

El motivo es porque abusaron sexualmente entre 2005 y 2016, de una veintena de menores hipoacúsicos en el Instituto Próvolo, un internado religioso ubicado en la provincia de Mendoza, a mil kilómetros al oeste de Buenos Aires.

Gracias a la prohibición de utilizar el lenguaje de señas dentro del recinto, Corbacho y Corradi habían logrado mantener los aberrantes actos que cometían bajo un estricto manto de silencio.

Según investigaciones, además de los sacerdotes, había otras personas que también participaban en los delitos.

Tal es el caso del jardinero Armando Gómez de 59 años, quien trabajaba en la institución, y que recibió una pena de 18 años por el mismo tema.

No obstante, otro de los imputados fue el monaguillo Jorge Bordón, quien se declaró culpable de abusar de cinco menores, y fue condenado a 10 años de cárcel en un juicio abreviado.

Por otra parte, la monja nacida en Japón, Kumiko Kosaka, acusada de ser cómplice y de elegir a los niños que serían abusados, de acuerdo a su nivel de sumisión a los golpes, espera en prisión domiciliaria el comienzo de un segundo juicio, que se celebrará en 2020.

Esta noticia en general se supo en el año 2016, gracias al testimonio de una de las víctimas, hoy de 19 años, que dijo haber sido violada por Corbacho cuando tenía cinco. Pero luego, más de 20 personas decidieron denunciar y sumaron testimonios desgarradores sobre los abusos sexuales que sufrieron, cuando tenían entre siete y 17 años de edad, de parte de los responsables, que estaban a cargo de niños, destacando que eran adolescentes sordos y de escasos recursos.

El forma en que operaban era llevándolos a un sitio para ser sometidos a diversos vejámenes: un altillo situado en el fondo del predio, al que llamaban “La casita de Dios”.

Según reveló el fiscal que inició la investigación, Fabricio Sidoti, “las víctimas veían a través de las rendijas de la puerta lo que pasaba”

Violaciones, tocamientos, pornografía, amenazas. Todo ocurría en esa sala del terror o, en medio de la madrugada, en las habitaciones donde dormían los niños.

Hasta el momento, el Vaticano no ha dicho nada al respecto, pero sí ha sido objeto de cuestionamientos ya que, a pesar de tomar conocimiento de las acusaciones, nunca removió a los curas denunciados. Destacando que Corradi y Corbacho, aún mantienen su investidura como sacerdotes.

Fuente: Vanguardia

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