“Los Murciélagos”: el primer equipo de soccer conformado por invidentes

Las ligas de fútbol para ciegos se juegan con cinco jugadores y el portero es el único que puede ver. “Aguántenme que no los veo”, bromea uno de ellos cuando sus compañeros empiezan a practicar disparos.

Gerardo Sotelo Martínez siempre tuvo el deseo de jugar fútbol, pero una discapacidad visual de nacimiento lo alejó de las canchas… de las canchas convencionales. A inicios de año, Gera, un lagunero de 16 años apasionado del Santos Laguna, logró cumplir uno de sus sueños: formar el primer equipo de fútbol para ciegos en Coahuila.

Gera nació con catarata congénita en los dos ojos. De niño soñaba que metía un gol en un mundial cuando lo operaron y logró ver un poco. A los ocho años tuvo desprendimiento de retina de su ojo izquierdo y perdió la vista por completo. Logró ver cuatro años más con su ojo derecho y a los 12 la luz se apagó.

Gera sintió que su sueño de seguir pateando un balón se esfumaba. En el barrio no le daban la oportunidad de jugar. “Fallaba un gol frente a la portería o me pasaba de largo la pelota porque no la veía. Me sentí presionado y mejor me salí”, recuerda Gera. Entonces se mentalizó a que los límites no existen y que un día sus papás no estarían para apoyarlo. Es el más chico de seis hermanos.

Su pasión por el futbol no se había apagado. Un día se le ocurrió ponerle una bolsa de supermercado al balón y empezó a escuchar por dónde se movía. “Salía en las noches a patear el balón, qué padre, sí lo escucho y puedo jugar”, relata Gera.

Entonces empezó a navegar por internet –lo hace a través del programa Jaws, un software lector de pantalla para ciegos- y encontró que había más chicos que practicaban la disciplina pese a la ceguera. “Por qué no fundar un equipo de fútbol para ciegos”, se motivó Gera.

Empezó a tocar puertas en diferentes asociaciones civiles. “Es mucho problema. No se puede”, le decían. Gera se desanimó y estuvo a punto de irse a San Luis Potosí, a intentar jugar con los Búhos, equipo local de fútbol para invidentes. “Mi familia me apoyaba y quería ir a hacer la prepa allá. Era un reto para mí”, cuenta.

Hasta que un día contactó a un amigo que también se animó con la idea del equipo. “Es la última vez que lo intento”, se dijo a sí mismo. Conoció al profesor Irving Guardado de León, un entrenador de atletismo. “Profe, queremos hacer un equipo de fútbol para ciegos. ¿Nos apoya?”. “Vamos a darle”, alentó Irving. Empezaron a hacer publicidad en redes sociales y la gente empezó a preguntar. Hoy son cerca de 16 jugadores con ceguera completa o con debilidad visual que forman parte del equipo Murciélagos Laguna, el primer equipo de fútbol para invidentes en Coahuila.

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UNA OPORTUNIDAD

Irving Guardado de León, licenciado en Educación Física, menciona que lo complicado para el entrenamiento es desarrollar la apreciación del oído, saberlos guiar con la voz. El balón con el que juegan tiene incrustados cascabeles para orientarse. En movimiento se escucha, pero si se para, hay que guiarlos con la voz.

“Dónde está el balón”, pregunta un jugador luego que el esférico se detuvo y no hizo contacto con él. “A lado tuyo”, le indica otro compañero, también ciego.

“Hay que darles libertad. En un principio venían con el bastón y se trata de que sean independientes, manejarse solos, hablándose, que le pierdan el miedo”, comenta el profesor Irving.

El equipo se alista a practicar tiros a la portería. Las ligas de fútbol para ciegos se juegan con cinco jugadores y el portero es el único que puede ver. “Aguántenme que no los veo”, bromea Gera cuando sus compañeros empiezan a practicar disparos. Gera es defensa central.

“Arco”, gritan los chavos cuando van a patear. Una regla de esta disciplina es avisar cuando van por la pelota. “Voy, voy”, gritan los jugadores cuando corren tras el balón. Hablan y aplauden constantemente. El sonido es su guía. Amigos y familiares de los invidentes se unen a las prácticas y los apoyan.

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NO HAY LÍMITES
A los entrenamientos acuden chavos de Torreón, Matamoros y Gómez Palacio, principalmente. Entrenan en la Unidad Deportiva de Torreón dos veces por semana y los sábados en un campo que les prestan en el Territorio Santos Modelo. Algunos muchachos, la mayoría entre 15 y 25 años, son débiles visuales o ciegos de nacimiento; otros fueron por causas de alguna enfermedad, a otros la vista se les fue averiando hasta que dejaron de ver, a unos más la operación no les funcionó.

Osvaldo Ramírez Valenzuela, 19 años, pidió a los entrenadores que lo invitaran. Lleva tres meses en el equipo. Dice que le gusta el fútbol por tradición de su familia. Osvaldo estaba en escuelas convencionales hasta que en quinto grado de primaria empezó a perder la vista. “Creo que la forcé mucho”, platica. A los 10 años se le desprendió la retina y la vista se fue desgastando. A los 15 años ya no pudo ver.

“Empecé a ver todo borroso, ya no distinguía bien a las personas. Ya no estaba viendo más. Se empezaron a dar cuenta mis papás porque me agarraba mucho de las cosas”, recuerda.

Pero Osvaldo, dice, no se siente triste. En Murciélagos Laguna encontró gente como él: ciegos y con amor al fútbol. Dejó de estudiar en secundaria por falta de recursos. Su mamá es despachadora de una gasolinera y su papá albañil. Tiene otro hermano ciego, Víctor, que también es parte del equipo.

En la media cancha juega Jesús Puentes de Santiago, un jugador menudito que padece debilidad visual desde que nació. Los doctores le dijeron que nunca iba a poder ver bien, que puros bultos, pero siente que sí alcanza a ver a las personas. No alcanza las letras y las personas retiradas no las distingue. Para jugar, por regla, todos se tienen que usar un antifaz para estar en igualdad de condiciones.

Lo que Jesús siempre ha distinguido es su gusto por el fútbol. También le gustan las matemáticas y le gustaría ser contador. Estudia la preparatoria.

 

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Fuente: Vanguardia

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