Piden justicia por Adriana

adriana

La violencia extrema, brutal, que Adriana Molina sufrió a manos del policía Pedro Cervantes, se enmarca en un patrón de conducta que inició con jaloneos, escándalos públicos, golpes aparentemente mínimos pero que ya no pudo detener.

La golpiza que el domingo uno de mayo sufrió la joven Adriana Molina Vázquez, de 19 años, fue el momento máximo que alcanzó la agresión constante, verbal y física, brutal, a manos de Pedro Cervantes García.

17 años mayor que ella, “en completo estado de ebriedad” –según un comunicado de prensa de la Fiscalía General del Estado (FGE)-, Cervantes la golpeó sin piedad: la estrelló contra las paredes del departamento 5 y en las escaleras del edificio 130 de la calle Quililla, esquina con Samaria del INFONAVIT Los Fresnos. La habría golpeado a puño cerrado, a patadas, con una pistola y habría cortado cartucho apuntándole a la cabeza.

Pedro estaba fuera de control. Exigía saber el nombre de un individuo con el que, supuestamente, ella mantenía una relación sentimental. Dominada, Adriana suplicaba, como intentando levantar la voz para que alguno de los vecinos llamara a la policía, aunque, irónicamente, él es policía.

El terror había iniciado minutos antes de las nueve de la mañana, poco después de que su mamá Ángeles se fue al trabajo. Adriana estaba acompañada sólo por su hijo, de dos años, procreado con el citado Pedro. El niño lloraba.

Existió un momento, quizás una distracción del golpeador, en que Adriana alcanzó a salir del departamento 5 e intentó llegar a la calle Quililla, pero fue alcanzada y vuelta a introducir con violencia extrema.

Así lo plasmaría el trabajo de reconstrucción de la Fiscalía General, puesto que policías y peritos encontraron grandes manchas de sangre tanto en las paredes como en los escalones que conducen a los departamentos 5 y 6.

Adriana quizás exclamó un “¡ayúdenme, ayúdenme!”…y después dejó de oírsele.

Nadie se atrevió a enfrentar a Pedro. Y razones sobraban: cuando iba a buscar a Adriana, era visible que portaba armas de fuego. De 36 años de edad, es uno de los más de 100 policías municipales de Tepic que en la administración del ex alcalde Héctor González Curiel “El Toro” -a principios del gobierno estatal- se unieron a las filas de la Fiscalía General del Estado.

Con la llegada de policías de distintas corporaciones, Cervantes se negó a salir del departamento 5 y optó por buscar apoyo de los agentes: les habló en clave y les advirtió que no sabían con quién se estaban metiendo, según narró uno de los elementos participantes en el operativo.

Pero el sujeto no encontró complicidad y decidió brincar por una de las recámaras, quitando las celosías. La caída fue desde el tercer piso. Y ya abajo no sólo continuó maldiciendo a los policías, sino que después gritaba de tanto dolor. Atado a una camilla y con la intervención de bomberos, fue rescatado a través de un departamento por el lado de un andador.

Mientras tanto, un grupo de paramédicos atendió a Adriana, trasladándola al Hospital General, donde su estado de salud continuaría grave. A su mamá Ángeles, que regresó en cuanto se enteró de los hechos, no se le permitió el acceso al departamento, aunque le fue entregado su pequeño nieto. La señora estaba en shock: “¿está viva?”, preguntó, deseando oír una respuesta afirmativa.

El gobernador Roberto Sandoval ha insistido que se castigará al responsable y hoy así se expresó ante un grupo de personas que se manifestaron por lo sucedido.

Sandoval consideró que no se trata de un asunto de policías, sino de personas. Entre los manifestantes, una voz reclamó con dolor: “¡qué clase de gobierno tenemos!”…

Pero la violencia que ha sufrido Adriana no inició el domingo uno. Con ella ocurrió el patrón de conducta de agresión extrema donde primero existe violencia verbal, escándalos en la vía pública, jaloneos, golpes aparentemente mínimos pero que fueron haciéndose repetitivos y que nunca pudo frenar.

El policía se cegó en celos.

De acuerdo con los datos recogidos, Adriana y Pedro nunca habrían tenido una relación estable, de vivir bajo el mismo techo. Ella vivía con su mamá, él en otra parte.

Adriana llegó al barrio de Quililla y Samaria cuando tenía unos cuatro años. Desde la ventana de ese departamento 5, la niña saludaba a los peatones.

Hace unos años, en la época de violencia extrema que se vivió en Tepic, ella adolescente, un día fue “levantada” por varios sujetos, arrastrada afuera del edificio 130 hasta un vehículo. Y fue liberada unas semanas después.

Hay quienes creen que posiblemente tras ese suceso, Adriana encontró un ambiente protector en el policía Cervantes García. Pero fue peor.

Hoy, todos quieren que Adriana nuevamente regrese.

Fuente: Nayarit en línea.mx

Loading Facebook Comments ...
error: