En Pomuch la muerte se viste de colores

Foto Telemar

Son las 7 de la mañana y es el día de muertos en Pomuch, una comunidad que despierta desde muy temprano. Ubicado en el municipio de Hecelchakán, Pomuch forma parte del Camino Real; es famoso por sus panes, por su símbolo fálico y la madre mestiza a la entrada de la iglesia, por sus enormes sapos en su parque principal, pero también, es famoso por que en Pomuch la muerte sí tiene color.

Don Antonio Chi Chablé es uno de los habitantes más longevos de Pomuch, que cada año hace esfuerzos sobrehumanos para mantener viva su tradición. Son las 8 de la mañana y él ha llegado puntual a su cita al panteón principal; él no tiene recursos para pagar porque le limpien a sus muertos, pero lo hace personalmente.

A sus 81 años, lleva más de 3 décadas acudiendo puntualmente a su cita, una cita con su padre y su madre. La fuerza de su voz es débil, pero suficiente para presumir que su padre un conocido chiclero murió hace 36 años, a los 100 años de edad; su madre, doña Cruz Chablé, murió hace 25 años, también a edad ya avanzada. Y a pesar de que ha pasado mucho tiempo, para él, ellos siguen siendo las personas más importantes de su vida. Él es uno de los rostros que dan color y personalidad al día de muertos en Pomuch.

Otro, es don Venancio Tuz, nadie sabe a ciencia cierta su edad, algunos dicen que ha hecho pacto con los muertos para que no se le note; lo cierto, es que él ya tiene 18 años limpiando anualmente cientos de cadáveres y restos óseos. Él mismo dice, que ya cumplió su mayoría de edad, con los pixanitos. Son las 9 de la mañana, y aunque no lleva cuenta exacta -porque es de mala suerte- calcula que ya limpió a unos 10 difuntos; tarda en promedio 20 minutos, y cobra solo 20 pesos.

Para este día, ha comprado una brocha y una escobetilla nueva, la situación lo amerita, además que presume que su trabajo le ha dado fama nacional e internacional, un trabajo que no le avergüenza, pero que no es nada fácil, sobre todo cuando en ocasiones los cuerpos no se desintegran y cual carnicero, tiene que cortar los cadáveres para acomodarlos en los osarios.

Y es que por sí solo, el panteón de Pomuch es todo espectáculo de colores. Atrás ha quedado el blanco de la cal y el gris Cemento; los nuevos muertos y las actuales generaciones decidieron un mosaico de tonos pasteles, donde el blanco de los cráneos y el amarillo de los huesos se combina con el negro de los cabellos mestizos.

Y quienes vienen de otros países atraídos por esta tradición. Son las 10 de la mañana y este grupo de turistas franceses sufren por el clima que ya marca 32 grados, pero soportan el calor con tal de llevarse las mejores imágenes.

A sólo unos pasos del cementerio, el panorama es otro; a las 11 de la mañana, la calle principal del poblado se ha convertido en un tianguis con olor, sabor y color.

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