Hanal Pixán, tradición campechana en la que no falta el pibipollo y el mukbipollo

Foto Telemar

El Hanal Pixan o comida a los muertos, es una tradición campechana que atrae los reflectores nacionales e internacionales; una ofrenda donde no puede faltar el pibipollo, que por sí solo representa todo un rito de amor familiar y de identidad cultural.El mukbipollo es un platillo típico de la región peninsular del sur del país; sin embargo, en Campeche su variante conocido como Pibipollo, se ha convertido en un atractivo gastronómico que ha rebasado fronteras.

El pibipollo, hace referencia a un tamal de gran tamaño, que debe ser cocido en horno de tierra, pero su preparación representa todo un rito de amor familiar y de fe. Herencia de la cultura maya, el pibipollo es un guiso preparado a partir del desgrane de elote, mismo, que en comunidades como Tixmucuy aún conservan la solemnidad de dedicar parte de la cosecha, especialmente para este día.

Los granos, cuidados y seleccionados durante todo el año, serán molidos para crear una masa, la cual servirá de base al enorme tamal. El platillo original, debe llevar manteca de cerdo y tres tipos de carne: gallina, pollo y puerco, es envuelto en hojas de plátano y cocido lentamente bajo la tierra. No obstante, en la actualidad, la mayoría de las familias lo cocina en hornos convencionales, como doña: Tere, que ha encontrado en los pibipollos una manera de explotar la riqueza gastronómica de Campeche, pero también un modo digno para sostener a su familia. Actividad a la que se dedica desde hace más de 30 años.

El proceso de elaboración del pibipollo dura aproximadamente 3 a 4 horas, desde su preparación hasta el tiempo que dura en cocimiento, para colocarlo finalmente en la mesa del Hanal Pixán o altar de muerto, como plato principal.

El Hanal Pixán es el nombre en lengua Maya de la comida tradicional que se le ofrece a los muertos, generalmente con una semana de anterioridad, en honor a los difuntos de la familia. Dicha ofrenda consiste en una estructura escalonada armada con maderas o cajas, cubierta con manteles blancos, veladoras, sal y agua para proteger a las almas de los difuntos contra los “malos vientos”, estos elementos tienen además la función de guiar a las almas, otra vez camino al otro mundo; de manera que no queden atrapadas en éste.

Se colocan varios tipos de dulces como merengues, mazapanes, majablanco, y suspiros, además de fruta, incienso, pan, conservas, y algún alimento o cosas en especial que al difunto le gustaba cuando se encontraba con vida. Estas ofrendas deben ser colocadas preferentemente en Jícaras, que en la lengua Maya se les da el nombre de Lec. Según la tradición, estos elementos no deben de faltar en la mesa pero principalmente se colocan las fotos de los familiares y amigos fallecidos la ofrenda se adorna con flores de intenso color y un incensario, con la finalidad de ayudar con su luz y aroma a hacer más grata a las ánimas la “esencia” de la comida, ya que según la creencia maya, la comida depositada en el altar es consumida de manera espiritual por las almas a las que está dedicada.

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