Limpieza de huesos, una tradición ancestral en la villa de Pomuch

 

Para el resto del mundo es un acto macabro, para los pobladores de la Villa de Pomuch, en Hecelchakán, el limpiar los huesos de sus familiares muertos es un acto de amor.

Como cada año, habitantes de la comunidad maya de Pomuch cumplen el ancestral rito de desenterrar a sus muertos para limpiarlos y cambiarlos de ropa.

Un acto que debe realizarse antes del dos de noviembre, día en que las ánimas regresan.

El 25 de octubre es la fecha que marca el inicio anual de esta añeja costumbre.

Los pobladores llegan al Cementerio de la Villa de Pomuch con un mantel nuevo, los bordados son de flores de punto de cruz. Todos llevan las iniciales o el nombre completo del occiso. Lejos a los colores fúnebres, los manteles están llenos de colores vivos.

Según la creencia, la servilleta representa la ropa del muerto y debe ser nueva, de lo contrario el ánima no llegará a ese lugar cuando lo vayan a visitar.

Esta es la costumbre de María Candelaria Vargas, quien desde hace 48 años llega cada 29 de octubre al Cementerio para limpiar los restos de su hermana que murió cuando tenía 14 años.

Don Jorge Carlos es el encargado de sacar el osario, con mucho cuidado retira el exceso de polvo que lo cubre. Primero los huesos más grandes, luego los pequeños, de último el cráneo, que debe sobresalir del osario.

Doña María y don Jorge, tienen varios hijos, pero son los únicos de su familia que realizan este ritual, por lo que tienen temor de que cuando ellos mueran nadie los limpie.

Y aunque consideran que la tradición de limpiar los huesos de los familiares acaecidos está aún muy arraigada, no descartan que el día de mañana, sus hijos tengan que recurrir a un extraño para que los limpie, acción que consideran un abandono.

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